EL DEFECTO DE TERENCE
Stratford-upon-Avon, 1926 El salón de recepciones del Hotel Black Swan estaba iluminado por cientos de luces doradas. Actrices, críticos, mecenas y periodistas se movían entre elegantes mesas y copas de champán. Terence Graham hubiera preferido estar en cualquier otro lugar menos allí. Dado que su nombre se había convertido en uno de los más importantes del teatro inglés, estos acontecimientos se habían integrado a la profesión. Los soportaba con educada paciencia, pero sin entusiasmo. Esa noche, sin embargo, había algo que le faltaba: caramelos. Candy estaba en casa, esperando su primer hijo. El embarazo se encontraba en sus últimos días, y él mismo le había aconsejado que descansara. —No te preocupes —dijo sonriendo—. No creo que el bebé elija nacer esta noche. Terence se había reído, pero desde entonces no dejaba de mirar su reloj. Estaba hablando con un empresario cuando notó que se acercaba una mujer. Alta y elegante, con el cabello castaño oscuro recogido en un moño impecable, p...